Las hemos contemplado como
diosas o como humanas, afligidas o radiantes, burguesas, indigentes,
vestidas, desnudas, solas, en grupo, en el campo, en la ciudad... De todas las
formas posibles hemos visto a la mujer en el arte a lo largo de los siglos, pero,
¿dónde quedaron ellas cómo artistas?
Claramente, podemos
apreciar una gran ausencia de la mujer como artista, esto no quiere decir que
no lo haya sido. Ellas tienen su lugar en la historia del arte, pero es un
lugar muy limitado y lleno de prejuicios en el que han intentado, intentan e
intentarán abrirse camino a lo largo de años. Esta limitación responde a una
estructura social patriarcal, acompañada de la misoginia, la ignorancia y el
machismo que contribuyeron a que la mujer no fuera hacedora de arte (o si lo
era poco interesaba). Solo una musa o una modelo del hombre (Praxíteles,
Leonardo, Rubens, Rembrandt, Klimt, Picasso y una larga lista de artistas de
renombre fueron iluminados por la figura femenina) que nunca gozó de un
reconocimiento como el de este y que la mayoría cayeron en el olvido en gran
parte de los libros de arte. Siempre inspirando, pero nunca emprendiendo hasta
bien entrado el siglo XIX cuando se produjeron algunos avances para la mujer: comenzaron
a organizarse y consiguieron, ellas mismas, una mayor importancia social e
intelectual. También surgiría la mujer trabajadora, fue en este ambiente
renovador donde tomaron parte las mujeres impresionistas.
El Impresionismo, como
arte pictórico, aparece en Francia a finales del siglo XIX. En aquella época,
la forma de aprender el arte eran las academias (por supuesto, la mujer no
entraba en esta forma de aprendizaje) y los académicos encargados de decidir
qué valía y qué no. Un grupo de jóvenes rebeldes querían romper con esto y
pasaron del taller a la calle. El
objetivo de estos muchachos no era plasmar la realidad de una forma premeditada,
sino todo lo contrario, hacerlo de una forma espontánea y directa. El punto de
partida lo podemos tomar cuando este grupo decide hacer una exposición por su propia
cuenta, independientes del Salón[1], en 1874 la ‘’Société
Anonyme des Artistes, Peintres, Sculpteurs, Graveurs’’ en el que presentaron
160 obras. La crítica llegó de la mano de Louis Leroy que juzgó la exposición
como: <<una manifestación antiacadémica, hostil, que desafiaba el arte
oficial del Salón. Con la impresión de estar inacabadas y de haber sido hechas
de una forma rápida.>>
La mujer, junto con el
hombre, se introdujo también en este movimiento impresionista en el que muchas
conseguirían destacar. Estas no solo consiguieron dedicarse a su obra, sino
que, además, no renunciaron a su papel como esposa, madre y/o mujer:
Berthe Morisot (Francia,
1841-1895) fue la primera mujer que se unió a los impresionistas. Impulsora y
parte muy activa del movimiento.
Perteneció
a una familia parisina acomodada, lo que la facilitó acceder a la educación
artística. Fue, al igual que Pissarro, alumna de Corot, al que conoció en 1861 en
París.
Mientras
copiaba en el Louvre coincidió con Manet, el cual le dio clases y posó para él
en diversas ocasiones, además, terminaría siendo su cuñado.
Fue
comisaria y aportó su granito de arena para llevar a cabo exposiciones y tuvo
relación con todos los miembros del grupo de impresionistas. Corot influiría en
su pintura al aire libre y Manet en los retratos íntimos. Desarrolló sus
propias características impresionistas; el uso de los blancos y los vacíos con una
pincelada más gruesa y suelta. Con todo ello logró obras muy libres, tanto en
la pincelada como en la composición, que gozaron de buena crítica en su tiempo.
Murió
en 1895 y un año después sus colegas Renoir, Monet y Degas habían reunido toda
su obra para organizar una exposición en su honor.
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En el baile (1875). Berthe Morisot
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Eva Gonzales (Francia,
1849-1883) hija del escritor español
Enmanuel Gonzalès. Fue educada en el Paris más intelectual de la época. Alumna de
Charles Joshua Chaplin, un pintor académico que produjo un programa para
mujeres en su estudio. También fue modelo y alumna de Manet, del que se puede
apreciar la influencia en su pintura. Los temas sobre los que desarrollaría su
obra fueron los clásicos del impresionismo; escenas íntimas y escenas de la
época. Poco a poco su estilo tomó un rumbo más personal y sus obras adquirieron
tonos más claros y suaves.
Murió
prematuramente a los 34 años a consecuencia del parto.
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Despertar (1874). Eva Gonzales
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Mary Cassatt (EEUU,
1844-Francia,1926) norteamericana nacida en Pittsburg. Su formación inicial fue
en la Academia de Pennsylvania y en la National
Academy of Design de Nueva York, donde destacaría por su pintura.
En
1866, se instalaría en París para estudiar pintura de una forma privada. También
se dedicó a reproducir obras de grandes artistas en el Louvre.
En
1877 conoció a Degas, él mismo la invitó a unirse a los impresionistas, así entró
en contacto con el grupo. Destacó por su pincelada, ágil y suelta.
A
partir 1882 iría evolucionando hacia el Realismo.
En
1904 Francia la otorgó la Legión de Honor
por su aportación al arte.
Una
diabetes y posterior ceguera en 1911 la imposibilitaría para la pintura
definitivamente, hasta su muerte en 1926, París.
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Paseo en
bote (1894). Mary Cassatt
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Marie Bracquemond (Francia,
1841-1916) nació en el seno de una
familia humilde. Su padre murió cuando aún era una niña. Junto con su madre y
su hermana, se trasladó a una localidad del sur de París. A los 10 años empezó
a recibir clases y a desarrollar su talento en la pintura.
En
1857 había expuesto su obra en el Salón, lo que la dio un cierto
reconocimiento. Se la contrató como copista de obras maestras en el Louvre y
allí es donde conoció a su marido, Félix Bracquemond, en 1869. A pesar de las
negativas de este, participa en tres de las exposiciones que realizan los
impresionistas. Su pincelada, en un primer momento abierta y con tonos intensos
fue evolucionando a tonos más delicados. Poco a poco las presiones de su marido
consiguieron que la artista dejase de pintar.
Falleció
un 17 de enero de 1916 en París.
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Debajo de
la lámpara (1887). Marie Bracquemond
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Gwen John (Reino
Unido, 1876- Francia, 1939) a los 22
años se traslada a París para estudiar y perfeccionar su técnica. Su obra se
basa en los retratos y escenas de interior. Mantuvo una relación artística y
personal con el también artista Auguste Rodin, del que era modelo y amante.
Muere
a los 63 años en Dieppe (Francia).
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Mujer
sosteniendo gato negro (1920). Gwen John
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Tina Blau (Austria,
1845-1916) comenzó su educación de
forma privada a los 15 años. Tras estudiar en Viena y Múnich, en 1870, entra en
contacto con el Impresionismo. Viajó por Europa para impregnarse de los últimos
avances y para mejorar sus habilidades como pintora. Su obra se basaba
principalmente en los paisajes y la captación de atmósferas en lo que se
denominó como ‘’Stimmungsimpressionismus’’
(impresionismo atmosférico).
Co-fundó
e impartió clases en la Escuela de Arte de Viena y tuvo una gran influencia en
las generaciones venideras de artistas femeninas.
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Krieau in
the Prater (1902) Tina Blau
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Cuando hablamos de Impresionismo nos vienen a la mente
nombres como el de Monet, Degas, Pissarro, Renoir… pero pocas veces, o ninguna,
se ha oído hablar de ellas. Pero ahí están y tienen su lugar en la historia del
arte, emprendiendo una tarea como la de ellos, más si cuenta que tenían que
desempeñar sus labores domésticas y luchar contra lo establecido. Y, aunque
poco a poco los moldes se han ido rasgando, queda bastante que recorrer y muchos
prejuicios que borrar. Como dijo hace más de 2500 años Safo, la poetisa griega que
tampoco quiso doblegarse, «os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el
futuro».
[1]
El salón era una actividad que se
celebraba una vez al año, en primavera. Todos los pintores que aspiraban a una
cierta fama presentaban sus cuadros a los académicos y estos elegían los
mejores cuadros de diversas temáticas.





